Visita a Bodegas Monje

Esta ha sido una actividad muy especial, de ahí el uso del color vino para describirla.
A las 8 de la mañana nuestro alisio ya prometía un día gris en el norte de Tenerife. De ahí que consultase al Páter desde temprano como andaba la viña y como veía el cielo. “Nublado” me dijo, “pero aquí les espero”. Ciertamente estaba nublado y la verdad es que no apetecía desnudarse pero aún así iniciamos un interesante visita al viñedo de Bodegas Monje acompañados de Felipe, corazón y motor de una visión especial de entender el negocio. Como él mismo dice, “una forma romántica de hacer vino”.
Recorrimos el viñedo entendiendo las peculiaridades de nuestra isla, de sus variedades supervivientes de la filoxera, intentando memorizar “tintilla”, “listan”, “vijariego”, “babosa”… y descubriendo que la viña es dura de trabajar y delicada de cuidar. Llegados a la bodega del vinagre, en la era hicimos la primera cata: Dragoblanco, ligero y refrescante, Evento, singular y brillante y Hollera, tinto maceración carbónica suave y juvenil.
De regreso ya hacia la bodega Felipe nos llevó al pequeño barranco que bordea la finca y compartió con nosotros sus proyectos, el jardín, el pequeño auditorio, los eventos…
Cuando por fin llegamos a la bodega, la mayoría de nosotros habíamos ido desnudándonos aprovechando el calorcillo de la cata y del paseo y así seguimos durante el aperitivo que, de nuevo, se basó en una cata maridada con esmero. De nuevo una copa de Dragoblanco para acompañar a un salpicón de pulpo con cebolla y pimiento. Un Monje Tradición para unas garbanzas compuestas servidas en cazuelitas que entraron de maravilla en el frescor de la bodega. Un Listán Negro, palabras mayores, para el disfrute del montadito de cochino negro asado con chalota confitada, manjar donde los haya. Por último el Monje Padre tinto dulce que con unos bombones de vinagre era el colofón perfecto para una mañana que recordaremos con deleite por mucho tiempo.
Muchas gracias a Bodegas Monje y especialmente a Felipe por el recibimiento y la compañía. A Zoraida por el aperitivo y su aplomo entre tan singular clientela. Volveremos